Catequesis familiar

martes
07 de feb 2012

Conociendo a nuestros hijos: 0 a 3 años

El nivel de los 0-3 años conforma la primera de las llamadas fases objetivas de la persona, que son aquellas en las que se da un predominio del sentido de la realidad y del interés por lo que le rodea. Es un periodo tranquilo y de una sociabilidad serena.

Los rasgos psicológicos de este nivel de edad nos dicen que:

  • El niño toma conciencia de su yo hacia el año y medio.
  • Manifiesta un intenso egocentrismo, lo que le puede llevar a establecer actitudes defensivas hacia los desconocidos.
  • En torno a los tres años se encuentra inmerso en un rápido proceso de afianzamiento personal.
  • Se siente afectivamente dependiente de la madre.
  • Es ingenuo y crédulo ante lo que se le dice y se le muestra.
  • Se siente muy atraído por los objetos móviles y sonoros. Se da una tendencia al fetichismo en la que dota de vida a los objetos: es muy normal que hable con sus juguetes.
  • Emplea y asume un lenguaje sensorial, concreto y dinámico, basado en la experiencia cercana.
  • Etapa en la que vive feliz y satisfecho, sin afanes críticos.

Orientaciones educativas

Lo importante en estos primeros años es promover —sin prisas— las actitudes básicas más definidas y los sentimientos que suponen el inicio de la religiosidad, pero siempre respetando los niveles madurativos de cada niño: el niño se hace esencialmente religioso viviendo en ambientes creyentes.

Entre otras, destacamos las siguientes orientaciones:

  • La primera educación religiosa debe hacer referencia al vocabulario religioso, sencillo y elemental.
  • La formación que se imparta ha de ser asistemática y globalizante, ocasional y sencilla: será una formación más afectiva y vivencial que intelectual y programada; la educación en la fe en estos primeros años debe estar al margen de cualquier esquema doctrinal, al tiempo que se centrará en las figuras religiosas familiares: Jesús, María.
  • No abusar de fórmulas y oraciones, ya que es un tiempo en el que los gestos y expresiones están al mismo nivel.
  • Importan menos las ideas y los conocimientos que las acciones, que aprenderán, sobre todo, de sus padres. Los niños son exquisitos observadores de la conducta de los adultos significativos para ellos.
  • La fe necesita apoyarse en lo humano; más que explicar se trata de vivir esa fe en lo cotidiano (por ejemplo, si el niño se ha hecho una pequeña herida le sugeriremos que le ofrezca ese dolor al Niño Jesús, para así ir iniciándolo en una cierta unidad de vida).

 
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